VEN A VIVIR EXPERIENCIAS INOLVIDABLES CERCA DE BARCELONA

Descubre todas las actividades turísticas que puedes realizar en los pueblos y las ciudades de las comarcas de Barcelona. ¡Hay tantas propuestas que no te las acabarás! ¿A qué esperas para empezar a viajar?

Frutos del mar


Con más de un centenar de kilómetros de litoral resaltados por el azul del Mediterráneo, es fácil de entender por qué los municipios de Costa Barcelona tienen una relación tan estrecha con el mar. La pesca, el comercio marítimo y la construcción naval presiden los orígenes de muchos pueblos y ciudades del Maresme, el Barcelonès, el Baix Llobregat y el Garraf, unos orígenes que están muy lejos de ser dejados atrás. En esta larga franja de costa, la pesca continúa siendo una de las actividades económicas principales, un hecho que puedes comprobar si te acercas a cualquiera de las lonjas donde se subastan cotidianamente los frutos del mar

Visitar la lonja de Vilanova i la Geltrú, por ejemplo, es una experiencia única. Su flota pesquera es muy conocida por la calidad y la diversidad de sus capturas, especialmente por las gambas rojas, las cigalas y las cañadillas que sacan cada día del agua. Aunque la mayoría de los compradores que acuden a la lonja son profesionales, cualquiera puede asistir como público a las dos subastas diarias que se organizan entre semana, y disfrutar del espectáculo desde el palco. 

Algo más al norte, la lonja de Arenys de Mar es la muestra más evidente de la larga tradición marinera del municipio, y también la prueba de que una gastronomía de nivel sólo se consigue con ingredientes de primera. Desde la tribuna de visitantes de la lonja podrás vivir en directo la subasta de pescado y apreciar los famosos calamares que protagonizan las cartas de los restaurantes de la zona. Cocinados a la plancha con verduritas, rellenos con carne picada o rehogados con ajo y cebolla, ¡están deliciosos!

Otra de las subastas de pescado más dignas de ver es la que tiene lugar de lunes a viernes en la playa de Montgat, al aire libre, directamente sobre la arena. Empieza a la una de la tarde, con las capturas de los pescadores locales repartidas en bandejas de mimbre y un subastador que canta a viva voz el precio de salida de cada una de las canastas. El importe va bajando con rapidez hasta que alguno de los compradores exclama «¡Mío!» y detiene la subasta. En media hora ya no queda ningún cesto, y los participantes se van a casa con una bolsa de pescado fresco y una sonrisa amplia.

 
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