5 joyas del románico en plena naturaleza


Seguir las huellas de Oliba en el milenario de su obispado nos ha hecho animarnos a descubrir más joyas del románico en los alrededores de Barcelona. Y siempre nos queda algún secreto para descubrir. Si tuviéramos un transportador de ángulos, la ciudad de Vic donde Oliba fue obispo, quedaría en el centro de esta ruta en pocos kilómetros a la redonda donde se funde el románico con joyas de nuestra naturaleza.

Sant Martí del Brull

En el Parque Natural del Montseny, Reserva de la Biosfera reconocida por la UNESCO desde el 1978, la edad media se expresa todavía a las piedras de sus ermitas. La iglesia de Sant Martí del Brull, de origen románico, tiene una sola nave y está cubierta por una nave alunetada. Sufrió modificaciones en el siglo XVI, y todavía nos reveló un bello secreto en 1909, cuando fueron descubiertos sus murales, que desde el 1935 están al Museo Episcopal de Vic. El campanario data de 1791. Y sin salir de este parque, encontraremos el imponente castillo de Montsoriu, centro de la señoría feudal des vizcondes de Cabrera. Original del siglo X o incluso de antes, cuando se edificó era la entrada natural desde las tierras ocupadas por los sarracenos para penetrar en el condado gerundense. Al lado encontramos la capilla prerrománica dedicada a Sant Pere, con restos del altar y de pinturas murales. La capilla actual es de estilo gótico.

Iglesia de Sant Pere Desplà

En el valle de Arbúcies, con unas espectaculares vistas sobre las Guilleries y el Montseny, encontramos la iglesia de Sant Pere Desplà, un edificio románico del siglo XII muy bien conservado. Pequeña y rodeada de un verde intenso, es un refugio de paz e historia que abre sus puertas a su fachada sur para enseñarnos algunos tramos de muro de la iglesia prerrománica precedente que todavía se conservan.

Castillo de Montesquiu

Los señores de Besora, linaje descendente del vizcondado de Besora, tenían un castillo muy especial que hoy se conoce como Parque del Castillo de Montesquiu. Elevado entre montañas escarpadas, la naturaleza ya ha empezado a instalarse incluso dentro del propio castillo, seguramente construido sobre una antigua torre de defensa sobre el río Ter. Los bosques de roble y pino rojo enriquecen de color y encanto el entorno de las ruinas del castillo de Besora y de la iglesia románica de Santa Maria. Cerca del castillo, encontramos la capilla de Sant Moí, pequeño edificio de finales del X de planta rectangular. Los muros son de fabricación muy rudimentaria y la capilla y el cortijo anexo forman parte del castillo de Montesquiu.

Sant Pere de Casserres

El Espacio Natural de las Guilleries-Savassona, al sur del embalse de Sau, es una de las grandes joyas del abrazo catalán entre el románico y la naturaleza. El monasterio de Sant Pere de Casserres, que está enclavado en el centro del camino Oliba, se eleva espectacularmente sobre el río Ter, en un punto clave de sus defensas. La promotora de la construcción fue la vizcondesa Ermetruit en 1006, año en qué Oliba ya dejaba su sello a la cultura catalana de paz y diálogo. Destaca el cenobio, en la punta de una península totalmente rodeada de agua, formada por un meandro del río Ter. Entre las paredes de este edificio, donde vivieron pequeñas comunidades de monjes entre el siglo X y el XIV aproximadamente, podemos visualizar como era la vida de los monjes durante su estancia en el cenobio a través del refectorio, la cocina, la bodega y la sala capitular.

Sant Feliuet de Savassona

Acabaremos esta ruta bucólica del románico a Sant Feliuet de Savassona, elevado sobre una gran roca que nos regala unas muy buenas vistas de la Plana de Vic y las montañas de sus alrededores. El edificio, construido allá por el siglo X y formado por una nave, conserva el ábside rectangular de época prerrománica. Junto a él se han encontrado restos de anteriores civilizaciones, unas interesantes tumbas antropomorfas y excavaciones para almacenar agua. Muy cerca encontramos la iglesia de Sant Pere de Savassona. Su nave fue elevada en el siglo XVII. Por último, en el municipio de Tavèrnoles, a escasos dos kilómetros de Sant Pere de Savassona, encontramos la iglesia románica de Sant Esteve, buen ejemplo de arquitectura lombarda.


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