De Loiola a Manresa


Después de recuperarse de graves heridas y descubrir una fe renovada en Dios, en 1522 Ignacio de Loyola emprendió un peregrinaje hasta Tierra Santa, pasando primero por Montserrat. El trayecto entre su casa natal y Manresa, donde permaneció diez meses, es conocido como Camino Ignaciano, una ruta que consta de 27 etapas y que se ha impulsado en los últimos años debido a la proximidad de su quinto centenario.

 

El punto de partida es la localidad guipuzcoana de Azpeitia. Aquí encontramos el Santuario de Loyola, una construcción barroca que se inició en el siglo XVII alrededor de la casa torre de los Loyola y en la que san Ignacio nació y se crió. Emulando al Ignacio caballero, el peregrino abandona Azpeitia y, siguiendo el río Urola, llega a Aránzazu, donde puede visitar el Santuario de la Virgen, como hizo san Ignacio. El itinerario sigue por montañas, bosques y valles que conectan localidades como Araia, Alda y Laguardia, esta última, una bonita población que mantiene el encanto de siglos atrás.

Llegados a La Rioja, el río Ebro se convierte en el nuevo guía. El siguiente punto destacado es Navarrete, cuna de nobles y señores en la época de Ignacio de Loyola. El caballero vasco se detuvo aquí para visitar al duque de Nájera y reclamarle un dinero que le debía. A partir de aquí, Ignacio siguió el Camino Real, ahora conocido como Camino de Santiago, pero lo hizo en sentido contrario, pues su destino era Manresa. En Navarrete, por tanto, coinciden dos rutas de peregrinaje, por lo que es fácil encontrarse tanto con peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela, como con los que recorren la ruta ignaciana.

Siguiendo el río Ebro, el Camino Ignaciano continúa por La Rioja, pasando por Logroño, Calahorra y Alfaro. Ya en Navarra, el peregrino se detiene en Tudela, ciudad que acumula diversos atractivos, como la Catedral y la iglesia románica consagrada a la Magdalena. Una vez en Aragón, destaca la localidad de Alagón, que conserva elementos de la cultura mudéjar. Tras pasar por Zaragoza, el desierto de los Monegros marca las etapas más duras del camino hasta llegar a Fraga, última parada aragonesa.

Una vez en Cataluña, el peregrino llega primero a Lérida. La siguiente parada es Verdún, donde en 1580 nació otro jesuita destacado, san Pedro Claver, cuya casa natal es ahora un santuario. Tras pasar por Cervera, el peregrino llega a Igualada, donde se cree que Ignacio compró una túnica con la intención de abandonar su indumentaria de caballero. La montaña de Montserrat se divisa en el horizonte, con sus formas majestuosas y su abadía. Tres días estuvo san Ignacio confesándose aquí y, tras dejar sus armas y su uniforme de caballero ante la Moreneta, se materializó su conversión. Vestido ya con su túnica, se dirigió entonces a Manresa, donde vivió una profunda experiencia espiritual. Esta ciudad marca el final del recorrido.

 

CONSEJOS

Si quieres realizar el Camino Ignaciano, es recomendable que estudies con antelación cuáles son los puntos donde sellar las credenciales. Con la acreditación sellada, te admitirán en los albergues y establecimientos vinculados a la ruta, donde podrás pernoctar por poco dinero.


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