De Igualada a Montserrat


Del centro de Igualada al Monasterio de Montserrat, los casi 27 kilómetros de esta etapa incluyen paisajes imponentes y aldeas con mucho encanto. La misma tierra que dio cobijo y amistad a Ignacio de Loyola hoy en día ofrece al peregrino la oportunidad de emprender un viaje para redescubrir su interior y, al mismo tiempo, conectar con el entorno.

El punto de partida es la Basílica de Santa María, una iglesia gótica y renacentista ubicada en el centro de Igualada y compuesta por una nave y doce capillas laterales, una de las cuales está dedicada a san Ignacio de Loyola. Desde este lugar, la ruta recorre las calles de Igualada en dirección a la ermita románica de Sant Jaume Sesoliveres, uno de los vestigios del tránsito de peregrinos en la comarca de la Anoia.

La etapa continúa paralela a la antigua carretera N-II hasta llegar a Castellolí Castellolí, donde se encuentra un albergue de peregrinos y se puede visitar la iglesia vieja. Desde aquí, el camino conduce a Sant Pau de la Guàrdia y después va subiendo por el collado del alto de Can Maçana. Ya dentro del Parque Natural de la Montaña de Montserrat, el ascenso culmina en la cima del collado, desde donde se divisa la ciudad de Igualada. Tan solo hay que dar unos pasos más para encontrarse con uno de los regalos paisajísticos de la etapa: la vista del macizo de Montserrat.

El caminante se halla entonces en el lugar ideal para hacer un descanso: Can Maçana, un emplazamiento estratégico que cuenta con un punto de información y que permite un fácil acceso a los caminos y las agujas de roca de esta zona de Montserrat.

La subida al monasterio

La silueta de la mítica montaña de Montserrat recortada en el cielo guía al caminante hasta el monasterio. Es una experiencia única llegar a pie por la carretera que sube hasta la ermita de Santa Cecilia, una iglesia del siglo X convertida por Sean Scully en un espacio de arte contemporáneo. Este artista irlandés ha sabido transformarla en un encuentro entre la tradición religiosa y el arte de vanguardia.

Una vez visitada, el camino continúa hasta llegar al inicio del camino de Els Degotalls, un sendero de un kilómetro y medio cubierto de vegetación y ornamentado con monumentos a artistas y mayólicas que representan advocaciones marianas. Finalmente, la etapa llega al Monasterio de Montserrat, un espacio ideal para hallar ese silencio que escasea en la vida cotidiana, así como para disfrutar del paisaje a través de los itinerarios que recorren la montaña. Además, en el Museo de Montserrat puede contemplarse una de las mejores colecciones de arte de Cataluña.

¿Lo sabías?

Montserrat fue un lugar clave en la vida de san Ignacio de Loyola, puesto que es en este monasterio donde formalizó su conversión: abandonó su vestidura militar, se confesó y dejó su espada, todos ellos gestos externos de la nueva vida que iba a empezar. Siguiendo sus pasos, es un placer pasearse por el claustro y por la basílica, visitar la Virgen de Montserrat y detenerse junto a la portalada de la antigua iglesia del siglo XII, donde se halla una estatua de san Ignacio que conmemora la vigilia que el santo hizo en este templo del 24 al 25 de marzo del 1522.


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