El Camino ignaciano, ruta espiritual


Para muchas personas, realizar el Camino Ignaciano tiene un doble objetivo: adquirir una buena forma física, pero también espiritual. Caminando en silencio y con recogimiento, pretenden avanzar paralelamente por los caminos terrenales y espirituales. La ruta ofrece todo tipo de herramientas y ejercicios que guían a los peregrinos en este viaje interior

La herencia más importante de san Ignacio de Loyola son sus Ejercicios espirituales, una serie de plegarias vocales y mentales que lo ayudaron a deshacerse de tentaciones y pensamientos inútiles y a trabajar la salud de su alma. Una guía propone seguir estos ejercicios y, etapa tras etapa, plegaria tras plegaria, realizar un proceso de crecimiento personal. El objetivo principal, en palabras del santo, es «vencerse y ordenar la propia vida, sin determinarse por ninguna afección que sea desordenada». 

Desconectar de la vida cotidiana es uno de los retos principales de quienes emprenden el viaje espiritual. En las dos últimas etapas del Camino Ignaciano, de Igualada a Montserrat y de Montserrat a Manresa, encontramos espacios idóneos para el recogimiento interior: paisajes infinitos, senderos estrechos, imágenes evocadoras (como es la silueta de la montaña de Montserrat a contraluz, recortada en el horizonte), las pequeñas iglesias y ermitas que salpican el trayecto o los dos grandes templos que lo presiden: El monasterio de Montserrat y la Seu de Manresa. Seguir los ejercicios espirituales en estos escenarios magníficos facilita hacer un paréntesis en las preocupaciones mundanas, y dormir en los albergues de peregrinos o en las celdas del monasterio de Montserrat, por ejemplo, ayuda a vivir todavía más la experiencia. Al final del recorrido, espacios como la Santa Cova de Manresa pueden aportar satisfacción personal y gratitud, puesto que en ellos se ofrecen talleres de fin de semana y diferentes propuestas de formación espiritual
 

La importancia de la meditación

Liberarse de la ansiedad y de las distracciones es esencial para empezar a meditar. Después, andar al ritmo de tu respiración ayuda a concentrarse en el ejercicio del día. Seguramente reaparecerán las distracciones y los pensamientos inútiles, pero hay que dejarlos pasar y centrarse en el pasaje del día y en los temas clave para la meditación que se encuentran en la guía del camino espiritual. Por último, escribir en un diario los sentimientos y pensamientos que has tenido durante el trayecto te puede ser muy útil para documentar y disfrutar de la experiencia. 

Toma nota

Antes de emprender la marcha, el peregrino necesita obtener su credencial en alguna de las instituciones vinculadas al Camino Ignaciano. Este documento facilita la acogida del caminante en albergues y locales municipales y, al mismo tiempo, certifica su peregrinación si se sella al menos una vez por día andado. Las acreditaciones tienen un precio simbólico de medio euro y los sellos pueden conseguirse en cualquier institución (casa consistorial, centro social...) o local (bar, tienda, albergue...) de las poblaciones que se atraviesan


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