El peregrinaje de San Ignacio de Loyola


Nacido en la localidad guipuzcoana de Azpeitia el 23 de octubre de 1491 como Íñigo López de Loyola (aunque cambió de nombre entre 1537 y 1542 para presentar una forma más común a otras naciones), san Ignacio fue el pequeño de trece hermanos en una familia de noble linaje. En 1507 fue enviado a la Corte de los Reyes Católicos para servir a Juan Velázquez de Cuéllar, tesorero general de Castilla, con quien pasó once años aprendiendo el dominio de las armas y, también, cultivando la afición por la lectura y la escritura, que le llevaría a convertirse en un muy buen escribano. Al morir su protector, en 1518, fue enviado a servir a Antonio Manrique de Lara, virrey de Navarra.

En 1521 estuvo en Pamplona con el ejército castellano defendiendo la ciudad ante el ejército franco-navarro, que pretendía recuperar el reino de Navarra, conquistado por las tropas castellanas unos años antes. Íñigo y sus soldados resistieron en el castillo hasta que el 20 de mayo de 1521 le hirieron gravemente las piernas con un cañonazo, rompiéndole incluso una de ellas. Unos días más tarde, su ejército sucumbió ante los franceses.

El joven Íñigo resistió el traslado a su casa natal y las dolorosas curas que le practicaron. Durante la larga recuperación, acabó leyendo dos libros decisivos que le marcaron profundamente: Flos Sanctorum y Vida de Cristo. Estas lecturas produjeron en Íñigo el deseo de abandonar su forma de vida y convertirse en religioso. Pronto decidirá peregrinar a Jerusalén, ofrecer penitencia para compensar su vida como soldado e intentar alcanzar la excelencia de la virtud cristiana.

En 1522, Ignacio de Loyola abandonó su casa y emprendió el largo camino hasta Jerusalén, pasando primero por Montserrat y Manresa. El periplo que realizó entre Azpeitia y Manresa es conocido ahora como Camino Ignaciano, un trayecto que marcó profundamente al santo. En el Monasterio Benedictino de Montserrat, abandonó la indumentaria de caballero a favor de una austera túnica, mientras que en la Cueva de Manresa permaneció diez meses, tiempo que dedicó a la devoción y del que resultó la génesis de sus Ejercicios espirituales, un método ascético que se publicó por primera vez en 1548.

Tras esta crucial experiencia en tierras catalanas, la peregrinación del futuro santo continuó por Italia, donde visitó Venecia y Roma. Desde allí viajó hasta Chipre y se embarcó hacia Tierra Santa. El 4 de septiembre de 1523 llegó a Jerusalén, poniendo fin a su peregrinaje e iniciando un nuevo capítulo de servicio a Dios.

¿Lo sabías?

En 1540, san Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús, una orden que se basa en la difusión y la defensa de la fe, en el esfuerzo misionero y en una educación de la juventud que potencia la experiencia, la capacidad de discernimiento y la autonomía personal. Con datos de 2014, se cuentan unos diecisiete mil jesuitas en todo el mundo.


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