La ruta de los oficios olvidados


Arrieros, traperos, estampadores, tejedores, curtidores, alfareros, papeleros… El mundo ha cambiado tanto en los últimos cien años que a menudo no recordamos que antes nadie trabajaba de desarrollador de apps, community manager u operador de drones. Por suerte, ¡existe un antídoto muy efectivo contra el olvido y la ignorancia! Visitar los museos que nos hablan de los trabajos de nuestros abuelos nos permite entender quiénes somos y de dónde venimos.

1. Museo del Arriero de Igualada

Empezamos nuestra ruta contra la desmemoria en Igualada, una ciudad que no ha dejado que el presente arrase con su pasado. Sobre todo en el Museo del Arriero, un centro en el que se explica la evolución del transporte de mercancías a lo largo de la historia y las relaciones entre los diferentes profesionales que solían trabajar en ese campo: arrieros, guarnicioneros, toneleros, carreteros, etc. Situado en una bonita masía del siglo XVIII, el museo también acoge una colección de carros, sillas, herramientas y arreos que esconde verdaderas joyas, como un carruaje de época barroca.

2. Museo de la Estampación de Premià de Mar

En Premià de Mar, otro edificio precioso es la sede del Museo de la Estampación y el lugar ideal para aprender a trabajar los tejidos tal y como se hacía en épocas pasadas. El oficio de estampador, por ejemplo, se focaliza en técnicas de repetición de motivos que ya se conocían en el siglo XVIII; el de tintorero, en los pigmentos naturales; el de tejedor, a partir del tacto de los diferentes hilos y la experimentación con la urdimbre y la trama; y el de grabador, en la creación de moldes y la observación de las herramientas que se utilizaban.

3. Curtidoría de Granollers

La antigua curtiduría de Ginebreda es de origen medieval, pero se ha conservado bastante bien y permite entender no sólo cómo era la rutina de trabajo de los artesanos de la piel sino también las colaboraciones que se establecían con otros profesionales muy buscados en aquellos tiempos. El espacio museizado también destaca la importancia de Granollers como núcleo de población que nació en un cruce de caminos y en el que, desde el siglo X, existe un mercado que es clave en la riqueza de la capital del Vallès.

4. Museo del Botijo de Argentona

Un voto religioso para proteger Argentona de una grave peste se relaciona con los orígenes del Museo del Botijo. Pero, en la actualidad, sus principios son mucho más terrenales y el museo lucha para que no caiga en el olvido el oficio del alfarero artesanal. Es por ello que, además de una exposición permanente de cántaros, se organizan talleres para adultos y niños, muestras monográficas y una Feria Internacional de Cerámica que, año tras año, ayuda a difundir la manera tradicional de trabajar el barro, desde la extracción de la tierra hasta la cocción en el horno, pasando por el modelado en el torno manual y las técnicas de decoración muy diferenciadas. 

5. Museo Molino Papelero de Capellades

Del fuego y la tierra, en el Museo Molino Papelero de Capellades no se habla demasiado... Pero al agua y los árboles, en cambio, no paran de alabarlos, ya que son los elementos que nuestros antepasados utilizaban para fabricar papel según el método artesanal. El museo está situado en un molino del siglo XVII y acoge una importante colección de maquinaria, herramientas y documentos relacionados con los métodos de elaboración del papel. También se organizan cursos y talleres de mucho prestigio.


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