Montserrat, montaña mágica


Es difícil encontrar un nombre más conveniente que Montserrat ("monte serrado") para el macizo más emblemático de Cataluña. Con sus formas insólitas de cimas audaces y peligrosos acantilados, el perfil imponente de la montaña recorta el cielo sobre la gran depresión central catalana, haciendo honor a su topónimo. 

Aunque abundan diferentes leyendas sobre su formación, la verdad es que que su origen se remonta más de cincuenta millones de años atrás en el tiempo, a la época en que en su lugar había un golfo marino en el que desembocaban varios ríos, que depositaban en él grandes masas de guijarros. Diversos movimientos tectónicos hicieron emerger el macizo, y los vientos y las lluvias fueron moldeando sus formas, hasta que alcanzó su espectacular apariencia.

Esta maravilla geológica presenta cumbres muy populares, como el monolito del Cavall Bernat, de 1.100 metros de altitud y objeto de numerosas anécdotas y leyendas. Otra cima destacada es la de Sant Jeroni, que alcanza los 1.236 metros, y desde donde puede disfrutarse de una vista panorámica excepcional que abarca desde los Pirineos hasta el mar y la isla de Mallorca, si la niebla y las nubes lo permiten.
Los caminantes que se animen a culminar alguna de sus cumbres descubrirán la densa vegetación que puebla Montserrat, compuesta sobre todo por encinas, aunque también se encuentran especies endémicas, como los tejos, árboles milenarios asociados al culto celta.

Si bien la naturaleza ha dejado una huella única en Montserrat, lo cierto es que la espiritualidad es lo que ha acabado de definirla como montaña mágica. Dice la leyenda que el año 880 unos pastores vieron una potente luz sobre el macizo. Atraídos por ella, se encaminaron por la montaña hasta llegar a la que ahora se conoce como Santa Cueva, donde encontraron una imagen de la Virgen María con Jesús en su falda. En la actualidad, esta Virgen es conocida popularmente como la Moreneta, por ser de color negro. Los pastores avisaron al obispo de Vic, quien ordenó llevarla a Manresa. Pero fue imposible moverla, pues la imagen se empezó a hacer más y más pesada. El clérigo interpretó el hecho como el deseo de la Virgen de permanecer en Montserrat y mandó construir una ermita, que posteriormente acabó siendo el monasterio benedictino y la abadía dedicados al culto de la Virgen de Montserrat; desde entonces, es lugar de peregrinaje para miles de creyentes y, también, de turistas.

Uno de estos peregrinos fue el antropólogo alemán Wilhelm von Humboldt, quien en 1803 dedicó un ensayo a Montserrat. El texto marcó buena parte de la fascinación de los románticos alemanes, como Goethe y Schiller, por la icónica montaña. Humboldt narró en él la experiencia mística que vivió entre sus bosques y crestas, en una conexión con la naturaleza que, decía, eleva el alma del hombre. Una sensación profunda que aguarda a todo aquel que visita Montserrat.

¿SABÍAS QUE...?

Desde 1977, la montaña de Montserrat es también un «santuario ufológico» de la mano de Luis José Grifol, quien el día 11 de cada mes organiza sesiones de busca de avistamientos de ovnis desde una explanada cercana al monasterio.


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