Responsabilidad al plato


Disfrutar de los placeres gastronómicos es uno de los grandes atractivos de viajar. Pero también es una gran responsabilidad, ya que la manera de producir los alimentos puede afectar negativamente la ecología y la biodiversidad de los lugares que visitamos. Si no queremos que las opciones culinarias que tomamos malogren los recursos naturales o comprometan la capacidad de las generaciones futuras para continuar saboreando ingredientes de la mejor calidad, nos tendríamos que hacer más a menudo la pregunta siguiente: "¿Es sostenible?" Te damos 5 claves sencillas para que puedas responderla.

1. Ingredientes locales y de temporada

El mes de septiembre no es la mejor época para cultivar fresas en el Maresme. En verano no encontrarás alcachofas de calidad en el Baix Llobregat. En invierno no pidas melocotones de Ordal, ni esperes encontrar castañas del Montseny en el mes de mayo. Si te topas con estos alimentos fuera de temporada, ten por seguro que han venido de tierras lejanas y que, al ser transportados en camión, barco o avión, su huella de carbono es muy superior a la que generan los alimentos producidos localmente.

2. Compras de proximidad

Otra manera de apostar por la gastronomía sostenible es comprando en las pequeñas tiendas de pueblo, los mercados campesinos o, directamente, en las explotaciones agrarias y ganaderas. Si das esquinazo a las grandes superficies comerciales y apuestas por el comercio de proximidad, estarás apoyando a la comunidad y favorecerás la distribución de riqueza.

3. Alimentos singulares

¿Estás demasiado acostumbrado a comprar en el supermercado? Intenta llenar el carro con productos de la tierra, ¡como mínimo! Pide consejo a los dependientes y trata de encontrar bebidas con Denominación de Origen vinícola: en las comarcas de Barcelona existen las DO de Alella, Penedès, Pla de Bages y Cava. Busca también alimentos que tengan Indicación Geográfica Protegida (IGP) o Denominación de Origen Protegida (DOP). La judía del ganxet, el pollo y el capón del Prat de Llobregat, la ternera de los Pirineos Catalanes, la longaniza de Vic, el gallo del Penedès... adquirir productos con sellos de calidad beneficia económica y socialmente a su entorno y, además, disfrutarás de unos sabores que no encontrarás en ninguna otra parte.

4. Variedad de sabores

Puesto que se necesita una gran cantidad de recursos naturales para criar animales, moderar el consumo de carne reduce enormemente nuestra huella de carbono. Y la sobreexplotación pesquera también es un grave problema ambiental, con muchas especies en peligro de desaparición. Por estas razones, es interesante que intentes ampliar tus horizontes gustativos y aprendas a preparar más platos a base de verduras y legumbres. Si necesitas inspiración, acércate a cualquiera de las fiestas gastronómicas que se organizan regularmente en las comarcas de Barcelona. Son una oportunidad inmejorable para conocer recetas y alimentos muy apreciados en cada región.

5. Raciones justas

Las estrategias para evitar el desperdicio de alimentos son fundamentales en temas de gastronomía sostenible. Así que controla las raciones y, en los restaurantes, no pidas más platos de los que puedas terminar. Si, a pesar de tus esfuerzos, acabas con sobras, no te cortes y guarda los restos en una fiambrera. ¡Hazlo tranquilamente en los bares de barrio y también en los restaurantes con estrella!


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