El patrimonio ignaciano en Manresa


El 25 de marzo de 1522, Ignacio de Loyola abandonó Montserrat rumbo a Manresa. La estancia de diez meses que realizó en la capital del Bages acabó de definir su fe cristiana y constituye un importante capítulo de la historia de la ciudad que se conmemorará en 2022, con la celebración del quinto centenario de este acontecimiento.

Para recordar su paso por Manresa, nos dirigiremos primero al Puente Viejo, una construcción originaria del siglo XII destruida parcialmente durante la guerra civil. Gracias a la rehabilitación que se le hizo en la década de 1960, se ha conseguido preservar su esencia medieval, y ahora el puente permite emular a san Ignacio en su contemplación junto al río Cardener, sobre el cual se halla la Cueva de San Ignacio, el punto más importante de la Manresa ignaciana. En esta gruta, Ignacio de Loyola vivió una experiencia mística que le condujo a escribir sus célebres Ejercicios espirituales. Por eso, junto a la modesta cueva se alzó, en 1759, un santuario barroco y, después, un centro de espiritualidad, que con el tiempo se han convertido en iconos de Manresa.

Ignacio de Loyola visitó también los centros espirituales de la Manresa del siglo XVI: la basílica de la Seu, con su esplendor gótico, situada junto al ya desaparecido convento de San Domènec, la iglesia del Carme, la ermita de Sant Pau, el convento de Santa Clara e, incluso, el santuario de Viladordis, ubicado fuera del núcleo urbano. Todos ellos fueron los escenarios por donde deambuló un Ignacio físicamente cada vez más débil (por el ayuno y las penitencias), pero más fuerte de espíritu. 

Otro punto destacado de la Manresa ignaciana es el antiguo Hospital de Santa Lucía, donde san Ignacio convivió con los enfermos. Se trata de otro paraje destruido por la guerra civil donde ahora se alza la Capilla del Rapto, que conmemora un milagro de san Ignacio, quien cayó aquí en un profundo éxtasis durante ocho días.

Tan débil se encontraba san Ignacio por aquel entonces que al final se puso enfermo. La noble familia Amigant lo acogió en su casa, donde desde 1703 se encuentra la capilla de San Ignacio Enfermo (en la plaza de Sant Ignasi Malalt). Por su parte, la Casa Canyelles, en la calle Sobrerroca, recuerda su relación con otra familia influyente de la ciudad, pues aquí lo acogió Miquela Canyelles tras la estancia del santo en el hospital.

Precisamente en la calle Sobrerroca se encuentra otro escenario de los milagros de san Ignacio en Manresa: el Pozo de la Gallina, donde, para conmemorarlo, ahora se encuentra una capilla, uno de los muchos recuerdos que ofrece Manresa para el peregrino que haya culminado el Camino Ignaciano. Y es que tan importante fue la estancia de Ignacio de Loyola que en 2015 la ciudad inauguró el nuevo Espai Manresa 1522 como extensión de su Museo Comarcal.

¿SABÍAS QUE...? 

Gracias a la influencia que tuvo Manresa en la obra de Ignacio de Loyola, el nombre de la ciudad y del río Cardener se han proyectado alrededor del mundo. Siguiendo la expansión de la Compañía de Jesús, ambos nombres denominan ahora desde un centro espiritual en el Congo hasta un auditorio en Bolivia. 


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