Sant Jeroni y la vida eremítica


Sant Jeroni, el punto más alto del macizo de Montserrat, es uno de los mejores miradores de Cataluña. Desde allí, en una mañana clara, se llega a contemplar el Tibidabo, el Matagalls, los Pirineos e, incluso algunos días, la isla de Mallorca. El camino que llega a la cumbre, no muy largo pero empinado, es una de las rutas clásicas desde el monasterio.

Subir un buen puñado de escaleras y andar durante algo más de una hora salvando un desnivel de 500 metros tiene premio: contemplar una de las mejores vistas de Cataluña. Para muchos excursionistas, este es el objetivo principal de la excursión al mirador de Sant Jeroni, una de las más populares de la montaña de Montserrat. Aun así, el itinerario vale la pena por otras muchas razones, puesto que durante el trayecto se pueden ver parajes de gran belleza natural (bosques, torrentes y las vistas desde miradores como el de la sierra de las Paparres o el de Mossèn Cinto), algunas de las agujas de piedra más famosas de la montaña (la Gorra Marinera, la Mòmia, la Trompa de l'Elefant o la Gorra Frígia) y capillas (como la de Sant Benet y la de Sant Jeroni).

La ruta parte del Pla de las Taràntules, ubicado en la estación superior del funicular de Sant Joan (la inferior se encuentra en el monasterio). También puedes acceder subiendo a pie, añadiendo media hora de caminata y 300 metros de desnivel positivo a la ruta. Una vez allí tendrás que coger un camino bastante ancho a la derecha, que conduce a un balcón con unas magníficas vistas del monasterio desde las alturas.

En poco más de una hora y media se llega al mirador de Sant Jeroni, después de pasar por otros puntos estratégicos del macizo, desde donde puede contemplarse el Cavall Bernat (uno de los principales retos para los escaladores catalanes) o la Cap de Mort (una roca con forma de calavera). Una vez alcanzada la capilla de Sant Jeroni, puede enlazarse el trayecto con un pequeño camino de mucha pendiente que lleva al mirador, situado a 1.236 metros de altitud. Te encuentras entonces en el techo de la montaña de Montserrat, en un punto de confluencia entre los límites de tres términos municipales en sendas comarcas: el Bruc, en l’Anoia; Marganell, en el Bages; y Collbató, en el Baix Llobregat.

Para volver al santuario, puedes realizar el mismo camino hasta la estación superior del funicular de Sant Joan o cambiar el itinerario y caminar a través del fondo del valle por el camino viejo de Sant Jeroni. En este caso, tendrás que deshacer el último tramo del camino hasta llegar al desvío situado entre la capilla de Sant Jeroni y el torrente de Santa María, desde donde hay que tomar el camino descendente dirección al Pla dels Ocells y al monasterio de Montserrat.

No te lo pierdas! Vivir en una ermita

La montaña de Montserrat ha sido tradicionalmente refugio para un gran número de ermitaños que, huyendo de la sociedad, de sus normas y sus tentaciones, perseguían el objetivo de vivir en un paraje solitario, lejos de cualquier indicio de civilización. Por eso la sierra está llena de ermitas aisladas. De las trece ermitas repartidas por el macizo, siete siguen en pie: Sant Dimes y la Santa Creu, cuyo uso está reservado a los monjes del monasterio; Sant Antoni, Sant Salvador, Santa Caterina y la Trinitat, que funcionan como refugio para excursionistas, y Sant Benet. Las otras seis están en ruinas o ya han desaparecido: Sant Joan, Sant Onofre, Santa Anna, Sant Jaume, Santa Magdalena y Sant Jeroni.


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